Educación en la naturaleza


niños en naturaleza

Desde nuestra Fundación Arboretum promovemos la educación en la naturaleza, a través del nuestro proyecto La Veleta Educativa.

Educación en la naturaleza

Educar en la naturaleza, educar con y a través de ella, permite crear lazos y experiencias tan profundas sobre la armonía y belleza de la vida, que ganamos para el resto de nuestros días una amiga, una madre, una maestra: la naturaleza.

Entendemos que más allá de un escenario o de un proveedor de materiales didácticos, la naturaleza es la esencia de nuestro ser. En ella está nuestro origen y sobre ella y con ella se ha desarrollado nuestra cultura. Paradójicamente, en los proyectos de educación en la naturaleza no hay una narrativa específica; simplemente está ahí. No en vano existen culturas en las que no existe la palabra “naturaleza”. ¿Para qué describirla, si forma parte de uno mismo? ¿De qué hay que distinguirla, si está en todos y todo? En estos proyectos buscamos este enfoque y por eso no son equiparables a la educación ambiental convencional ni se relacionan con el habitual discurso ecologista. Mediante un contacto regular con la naturaleza, con la adecuada sensibilidad y consciencia, no debería ser necesario educarnos en protegerla. La amamos porque la conocemos, porque es el escenario de lo que nos pasa y donde lo gestionamos mediante el juego o la contemplación. Es nuestro lugar de referencia, nuestro hogar, nuestro espacio de fantasía, nuestro entorno de aprendizaje. Es, en fin, parte de nosotros, de una manera profunda, íntima y duradera. ¿Cómo no vamos a querer protegerla?

Educar en la naturaleza tiene también beneficios cualitativos e incluso cuantificables para el desarrollo, la salud y el bienestar de los niños. Desde los aspectos más evidentes (la motricidad, la creatividad…) a otros menos evidentes (el desarrollo del lenguaje, la empatía…) la permanencia en la naturaleza afecta a todos los aspectos de nuestra vida. Sería demasiado prolijo enumerar todos esos beneficios aquí, pero basta con pensar cómo nos sentimos cuando acudimos a ella en tiempos de necesidad. Por suerte para todos, la naturaleza es generosa y nos ofrece esos valores en todo tipo de situaciones y oportunidades. No es necesario buscar espacios vírgenes o paisajes grandiosos. Pensemos simplemente en el canto de un pájaro cuando abrimos la ventana, la caricia del sol un día de primavera o el aroma a tierra mojada tras la tormenta. Son sensaciones que podemos percibir a poco que estemos atentos, casi en cualquier lugar y circunstancia. Y cuando lo hagamos con plena consciencia, comprenderemos que los proyectos de educación en la naturaleza apelan a algo muy básico, atávico, en el alma humana.

+ info: www.fundacionarboretum.org/es/proyectos/la-veleta-educativa/