HUERTA EN LAS ALTURAS


Nacida en Chicago hace 28 años y forjada como agricultura en Ghana, Annie pertenece a esa nueva generación de granjeros urbanos inmortalizada en el documental The Greenhorns”.  Las mujeres llevan la voz cantante en este movimiento que está  reverdeciendo desde muy dentro a las ciudades americanas…

“Esto era un tejado inhóspito y sellado con alquitrán como cualquier otro”, recuerda Annie Novak. “Hizo falta mucho esfuerzo y un poco de imaginación para convertirlo en lo que ahora es. Pero cualquiera puede cultivar en una azotea: basta con un buen aislamiento y un puñado de semillas. Recogemos el testigo de la generación que clamó por la vuelta a la tierra”, explica Annie. “Pero no queremos aislarnos del mundo en una comuna o en una granja lejana. Somos jóvenes y no sólo nos atrae la cultura urbana, sino que queremos ser parte de ella y trasformarla si es posible.”

La mayor parte de la cosecha de verduras y hierbas comestibles las distribuye Annie en los restaurantes locales de Greenpoint en Brooklyn. El sobrante se vende en la misma huerta o en los mercados locales de granjeros (más de 25 en Nueva York). Durante el invierno se dedica a la cocina natural (“Growingchefs“)  y a la docencia “verde”, con un arte especial para contagiar su amor a la naturaleza a grandes y pequeños.

“A mí me tira particularmente Nueva York por su diversidad, por su bombardeo constante de ideas y estímulos”, añade la hortelana en las alturas, rodeada de gallinas, conejos y abejas en su tejado-granja. “Aquí llevo una vida sana: como lo que yo misma cultivo, reparto la cosecha en bicicleta, tengo una comunidad de gente con mismas inquietudes… No hace falta renunciar a la ciudad para estar en contacto con la tierra. Hay que traer el campo hasta el asfalto.”

Aunque el grupo Earth Pledge labró los primeros surcos en las azoteas de Nueva York (con su proyeto Greening Gotham), lo cierto es que Annie fue pionera a gran escala, mano a mano con Ben Flanner, que ahora ha creado la mayor granja/tejado del mundo: Brooklyn Grange, más de 10.000 metros cuadrados y 140 hileras de cultivo.

“Hemos querido dar un salto cualitativo para demostrar que se puede cultivar en las grandes ciudades y a gran escala”explica Gwen Schantz, cofundadora de Brooklyn Grange, que sirve además como centro de compostaje local. “Eso sí, con métodos de cultivo orgánicos, sin usar fertilizantes químicos… Y con una huella ecológica mínima: casi toda nuestra producción se vende y distribuye en cinco kilómetros a la redonda”.

La inmensa azotea de Brooklyn Grange, sobre un edificio industrial construido hace un siglo, tuvo que ser acondicionada y aislada para recibir una capa de más de 30 centímetros de tierra, con un complejo sistema de irrigación. Al cabo de dos años, los 200.000 dólares de inversión empiezan a dar sus frutos. El uso del tejado como “escuela sin techo” y las visitas “prácticas” en plena temporada (hay que meter las manos en la tierra) han servido para que la granja/tejado eche raíces en la jungla de asfalto. Nada como una vista diferente y rabiosamente verde desde  las alturas de Nueva York…