LIZ LA HORTELANA APRENDIZ- SEMANA 33


Tuve que dejar desatendidos a mis críos verdes durante una semana, y hay que ver lo que sufrí – con esa ansía de separación y esa sensación de culpabilidad que sufre una madre cuando tiene que ir a trabajar a la fuerza, y dejar a sus bebés en manos de otros – y como no tengo riego automático – llamando cada dos días al pobre León, para pedirle que me siguiera haciendo el favor de darle de beber a mis críos verdes unos días más.

– No te preocupes – me aseguraba con paciencia, cada vez – si no vienes, o riego yo o Antonio. Que no vamos a dejar que se mueran!

Asegurada por la palabra de honor de mi querido profe hortelano – aún así, cuando por fin pude subir el viernes – noté que mi corazón latía más fuerte mientras que me acercaba  a las puertas del Parque Arboretum.

Pero al  percibir en la distancia que mi jardín corazón estaba salpicado con un brote nuevo de amapolas, su rojo brillante anunciando la visión de vida verde y floreciente que me esperaba dentro de mi huerto de las mil maravillas, mi corazón dio un salto de alegría.

Y como Alicia me paré boca abierta delante cada uno de mis parterres, maravillada.

No puedo compartir las fotos que demuestran como han crecido todas mis hortalizas en una semana  – pero ¡mirad como han crecido mis tomates!

¡Y mis calabacines!

¡Y mis pimientos!

Apareció León y le di un gran abrazo – Que si no vienes – no te preocupes – que no tienes que llamar – eso ya está hecho.

Y después, Antonio – Que no hay que dar las gracias – faltaría más –  estamos para ayudarnos.

Qué buen rollo existe en el mundo hortelano y qué suerte tengo de experimentarlo.

REFLEXIÓN DE LA SEMANA

Mientras que atendía a mis críos verdes con ternura añadida, me vino a la mente un discurso que había escuchado en la radio donde el locutor argumentaba que la noción de la guerra perdura entre los seres humanos, ya que crea entre la sociedad una sensación de pertenecer, de propósito común – y pensando en lo del buen rollo del mundo hortelano –me imaginé a un mundo en el cual los únicos ejércitos serian los formados por hortelanos, armados nada mas con nuestros azadones y buenos corazones, con un único propósito de proteger y cuidar a nuestra Madre Tierra…

–  Liz, ¿quieres un calabazín? me gritó León desde su huerto, interrumpiendo mis fantasías.

Imaginaros si lo único que nos lanzábamos fueran hortalizas, compartidas con tanto buen rollo…

Hasta la próxima!

Texto y fotos: Liz Glazer

Si queréis seguir el progreso de mi huerto en inglés, os invito a visitar mi página (www.theallotmentapprentice.com/blog