PEDALEAR EN MADRID


Era la época de Perico Delgado, y su bicicleta negra, ligera y frágil se abría paso entre la marabunta motorizada como una especie en peligro de extinción. Al cabo de más de 25 años, con 58 ya en sus alforjas, volvemos a coincidir con el pionero de la dos ruedas en las calles de la capital, presto a rebatir el mito de que Madrid “no es ciudad para bicis”.

La excusa que solemos oír es que Madrid tiene muchas cuestas“, reconoce Alfonso. “La realidad es que hay muchas otras ciudades con una topogafía similar y en las que se usa bastante la bicicleta. Aquí sigue habiendo un problema fundamental: la percepción de la seguridad. La gente tiene miedo de sacar la bici a la calle porque hay mucho coche en circulación. La única manera de avanzar es calmando el tráfico”.

“Hay que crear una auténtica red que facilite la entrada y la circulación de ciclistas por el centro de la ciudad. Y la cosa está cambiando, me lo dice la gente que hacía tiempo que no venía por Madrid. Antes me podía pasar un kilómetro y medio pedaleando sin ver una sola bici, ahora me cruzo ya con varias. Antes éramos 3.000 contados, ahora yo diría que somos por lo menos 10 veces más, aunque aún nos queda mucho por pedalear”.

Desde 1974 lleva pedalendo por la capital Alfonso Sanz, que también estuvo detrás del primer plan para la implantación de las bicicletas en Sevilla, en tiempos de la Expo… “Al final se apostó por el modelo de crecimiento urbano por y para el coche. Pero la bici se ha acabado imponiendo por su propio peso en Sevilla, que es una ciudad más manejable y mucho menos compleja que Madrid”.

En la capital existe sin embargo una gran masa crítica que está pidiendo a gritos más infraestructura y más medidas para calmar del tráfico y estimular así el uso de la bicicleta. Pese al problema de “percepción de la seguridad”, Alfonso admite que sólo ha tenido un par de accidentes en 40 sus años pedaleando por Madrid, sobre todo por culpa de las traicioneras puertas.

Y a quien se lo esté pensando le diría lo mismo que escribió en 1980, en aquella carta publicada en El País, “Pedalear en Madrid ,carta a un escéptico“, y dirigida a todos los que duden si subirse o no a la movilidad sin humos…

“En resumen, lo que te ocurre es que no has probado a pedalear durante unos días. Te sugiero que, dejando a un lado las ventajas sociales del uso de la bici (energía, economía, espacio, recursos naturales, medio ambiente), hagas un balance individual entre los factores desfavorables (topografía, peligrosidad, contaminación, ruido, estructura urbana, falta de medidas en favor de la bicicleta) y los factores favorables del ciclismo en Madrid (clima, distancias, velocidad, economía, salud, autonomía), y a la vista de los resultados del balance, me escribas diciéndome si te unes o no al cada vez mayor número de ciudadanos que se mueven en la sencilla y bella máquina de dos ruedas”.