PERMACULTURA URBANA EN SEVILLA


Hoy, tenemos el gusto de presentar a un par, un compañero de ideales, un hombre que como nosotros en Marbella (con nuestro proyecto Eutopía) ha decidido empezar a practicar la permacultura urbana en Sevilla. Entre las calles Sol y Enladrillada, en pleno barrio de San Julián, hay un incomparable oasis urbano que nos remonta a tiempos precolombinos. El Huerto del Rey Moro es uno de esos milagros que sólo se entienden por la acción incomparable de la naturaleza y por el activismo tenaz de un puñado de vecinos. “En este espacio único hay una memoria latente que ha vuelto aflorar con el tiempo”, nos advierte Luciano Furcas, el sabio permacultor urbano venido de Italia. “Los moros siempre tuvieron una relación muy especial con el agua, y aquí hay acequias, aljibes, albercas, pozos y norias que nos remiten a su pasado hortícola”. El huerto debe su nombre a la Casa del Rey Moro, una construcción gótico-mudéjar de finales del siglo XV que está considerada como la casa doméstica más antigua de la ciudad después del Alcázar. La Junta de Andalucía protegió la casa como bien de interés cultural, pero sobre el huerto pesaba (y sigue pesando) el fantasma de la urbanización que no cesa.

“La ciudad se ha mercantilizado de una manera tremenda en el último siglo”, advierte Luciano Furcas. “Éste es de alguna manera un espacio donde los ciudadanos reclamamos nuestra soberanía. Aquí hemos recuperado también el vínculo que existía con la tierra en tiempos de los árabes, cuando el tiempo se detenía tres veces al día, en sintonía con los ritmos naturales: al amanecer, con el sol en lo más alto y ya de atardecida”.

En Sevilla, y en el Huerto del Rey Moro, ha encontrado finalmente el permacultor urbano “ese espacio sostenible en el que la naturaleza cuida de sí misma y los humanos nos limitamos a escuchar su llamada y a seguir sus consejos”. Luciano Furcas viene prácticamente todos los días al Huerto del Rey Moro, “a ver lo que hay y lo que hace falta”. Con la más provebial de las herramientas (la percepción), el permacultor urbano vela por los huertos comunales y siempre está mano para un sabio consejo…

“La naturaleza habla por sí sola y nuestra función consiste casi siempre en esperar a que las cosas se revelen.Tenemos que aprender también a activar la paciencia, que es la ciencia pendiente. Los mecanismos naturales tienen su propia dinámica; no necesitan siquiera de nuestro empuje”.

 

Texto: cortesía Carlos Fresneda.

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